CONSTANZA Y ALLEGRA
“No insistas más en que me separe de ti. Donde tú vayas, yo iré; donde tú vivas, yo viviré; tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios; donde tú mueras, yo moriré y allí me enterrarán. Juro hoy solemnemente ante Dios que sólo la muerte nos ha de separar.”
Ruth 1:16-17
La tenue luz de la luna apenas iluminaba el estrecho canal. Las aguas plateadas devolvían el reflejo oscuro de los edificios. Cubiertas por sus capas, Moira y Tanya atravesaban Venecia en una góndola negra como un mal presagio. El gondolero había sido ángel custodio por el tatuaje que pudieron ver sobre su hombro y por la forma en que había saludado a Tanya. Este las informó de que Allegra y Constanza tenían un escondite donde acogían a los expulsados y les daban cobijo y trabajo. Con el tiempo se habían convertido en una gran organización jerarquizada que no solo ayudaba a ángeles expulsados sino a toda alma desvalida que las necesitase. Por supuesto las almas no podían trabajar pero los ángeles se mezclaban fácilmente con la población. Sus alas solo eran visibles para unas pocas personas que además solían estar dentro de las pequeñas comunidades de ángeles que se habían formado por todo el mundo. Moira se sorprendía de la cantidad de expulsados que había y de lo poderosos que eran los grupos en los que se habían organizado. Aunque claro está, debían mantenerse en la sombra condenados a la clandestinidad. Si en el Cielo se hubiese sospechado siquiera el poder que estaban obteniendo, los habrían destruido sin piedad. Se suponía que debían vagar por la tierra penando por sus faltas, no viviendo tranquilamente mezclados con los hijos de Adán y Eva. Tanya se removió incómoda y la góndola se balanceó suavemente. Su humor había decaído desde que habían salido de sus bosques y una sombra de preocupación se había instalado en sus ojos. Entraron en un canal subterráneo y apenas iluminado. Las antorchas esparcían su luz anaranjada dentro del angosto túnel y Moira suspiró sintiendo la claustrofobia que le producían las cercanas paredes y el bajo techo. El gondolero sonrió para tranquilizar a ambas aunque en medio de la mortecina luz su sonrisa hizo que un escalofrió recorriese sus espaldas. Llegaron a un pequeño embarcadero y un ángel con una antorcha las ayudó a bajar y las guió por un largo pasillo. Al final una vieja puerta de madera dejó paso a un elegante recibidor donde un montón de ángeles corrían de un lado a otro. El suelo de baldosas blancas y negras asemejaba un enorme tablero de ajedrez y daba a una bellísima escalera de mármol blanco. Desde lo alto un ángel giró la cabeza hacia ellas y bajó las escaleras saltando de dos en dos.
- Bongiorno amici. Che è stato il viaggio? Perdón, ¿Qué tal el viaje? Acompañarme, Constanza nos espera y es un poco… ceremoniosa. – Movió la mano de un modo teatral y siguió hablando a toda velocidad mientras caminaba dando saltitos por un ancho pasillo.- Le gusta esperar a los visitantes en la biblioteca. Creo que es su manera de parecer mas culta. No digo que no lo sea solo que le gusta que los demás lo sepan. Aunque a veces puede parecer algo… pedante en su forma de actuar os aseguro que es encantadora bajo esa capa de mujer culta y regia. Además tiene una divertida y muy aristocrática forma de arrugar la naricilla. En estos momentos creo que está un poco enfadada conmigo, le he hecho un cambio de look bastante drástico y creo que aún no se ha acostumbrado pero es que me cansaba ya con su perfecta melena siempre recogida en un moño, tan repeinada y elegante. Tan aburrida. Por cierto soy Allegra, me encanta tu pelo naranja y así de punta es superoriginal. Quizás a ti te vendría bien un cambio de look. No te ofendas. Tienes una melena morena preciosa pero algo pasada de moda. Y ese vestido tan clásico ¿Nunca has pensado en ponerte pantalones? Tienes una figura preciosa. Oh! Ya hemos llegado. Hablo demasiado. Bien os dejo con Constanza tengo mucho trabajo que hacer, vuestra fiesta de bienvenida me tiene muy ocupada. No solemos recibir muchas visitas de ángeles no expulsados. Ciao!
Tanya y Moira se quedaron paradas delante de la puerta de doble hoja exhaustas y perplejas por la incesante charla de su extraña compañera. Tanya parecía divertida mientras la observaba desaparecer por un recodo del pasillo. Allegra era alta y delgada. Llevaba el pelo corto y muy rubio despeinado, salvo por un enorme mechón moreno que hacia las veces de flequillo ladeado, pantalones de cuero negro y una camisa blanca con las mangas arremangadas hasta el hombro y unos botines de tacón fino con tachuelas. Miró a Moira y trató de imaginársela vestida así. En seguida descartó la idea con un movimiento de cabeza. Llamaron a la puerta y una voz entre cansada y enfadada les dio paso.
- Oh¡ Vaya lo siento, creí que sería Allegra…- Se miró de reojo en un espejo de la pared lateral y suspiró. Llevaba el pelo igual que Allegra solo que ella lo tenía moreno y su flequillo era rubio. Vestía un traje de chaqueta y pantalón blanco y camisa negra. Realmente era una mujer elegante aunque no parecía muy contenta con su nuevo peinado. Se acercó a ellas y se presentó – Soy Constanza.
- Yo soy Moira y ella es Tanya. Gracias por acogernos.
- No tiene importancia. Además Saudade me ha dicho que vuestra misión es de suma delicadeza ¿Qué narices…?- Un ruido fuerte y el súbito abrirse de la puerta de la biblioteca hizo que las tres se girasen a la vez. Dos enormes lobos entraron corriendo y se lanzaron sobre Tanya.
- Nicolay, Sergei. – Tanya se abrazó a sus dos peludos amigos que la habían arrastrado al suelo. Tras ellos Allegra entró en la sala con el hermoso halcón de Tanya posado sobre su hombro.- Lazarov…
- Espero que no te importe. Sabemos que separarte de ellos ha sido duro así que los hemos traído. Nos resulto algo difícil encontrarlos pero al final dimos con ellos en medio del bosque y decidimos darte una sorpresa. Son increíbles. Su capacidad de comunicación está realmente desarrollada y…
- Esta bien Allegra tu incesante parloteo marearía a cualquiera. – Lejos de ofenderse Allegra cogió a Constanza de la cintura y apretándola contra ella la besó con pasión. Constanza trató de separarse sonrojada y algo acelerada lo que provocó una risita burlona en Allegra.
- Es taaan tímida.- Allegra se agachó a tiempo para evitar que un libro la golpease en la cabeza y salió de la biblioteca riéndose.
- Santo Dios. Lo siento. Allegra puede resultar… arrolladora.
- En realidad es como un soplo de aire fresco en medio de todas las cosas que nos han pasado en estos días. – Moira sonrió a Constanza y ambas y miraron a Tanya que trataba de librarse de los dos enormes lobos y se levantaba con dificultad. Respiraba agitadamente y tenía las mejillas sonrosadas. Sus ojos brillaban mas azules que nunca y por primera vez, sonreía de verdad. Moira nunca la había visto mas hermosa y supo que nada de lo que pudiese hacer podría evitar que se enamorase de ella. Suspiró y volvió la vista hacia Constanza que se mordía el labio y la miraba con sus profundos e inquisidores ojos marrones.
- Estás perdida lo sabes ¿no?
- Supongo que si.- Moira volvió a mirar a Tanya.
-Yo también intenté evitarlo. No lo hagas. Solo os harás daño a las dos.
- ¿Cómo sabes…?
- Saudade me puso al corriente de todo en su carta. Si ella no se decide a hablar contigo, hazlo tu con ella. No podréis luchar una al lado de la otra si en el fondo estáis luchando en contra de vosotras mismas.- Moira recordó las últimas palabras que Saudade le había dicho a Tanya, “Habla con ella. Os merecéis ser felices las dos” – Si en un par de días no da el paso, deberías darlo tu.
- Pero ni siquiera estoy segura de lo que siento- Aunque en aquel momento la angustia era un sentimiento bastante claro. ¿Y si Tanya no la quería? ¿Y su Saudade y Constanza se equivocaban? Ella había visto a Tanya hablando con Saudade pero no sabía de que habían hablado en realidad. Y ahora Constanza le decía que Saudade le había puesto al corriente de todo pero ¿y si no hablaban de los mismo? ¿Y si lo que Tanya tenía que decirle era que no sentía nada por ella y que debía olvidarla?- Yo…, no se si ella. No se lo que ella tiene que decirme y no se si podré soportar oír algo que no quiero oír… otra vez.
- Eso debes solucionarlo con Tanya. Yo ya he intervenido mas de lo que me gusta hacerlo en estas situaciones y solo porque Saudade me lo pidió expresamente. Cree que tu y yo nos parecemos bastante. Somos pasionales y amamos con locura, pero somos demasiado racionales y tal vez algo derrotistas. Tenemos tanto miedo al dolor que damos las cosas por perdidas antes de intentarlo. No se que pasará si hablas con ella. Solo se que te sentirás mejor cuando lo hagas. Aunque su respuesta no sea la que quieres oir, te quitarás un peso de encima.- Posó una mano sobre el hombro de Moira.- Id a descansar.
- Tanya…
- Si, ya voy.- Tanya se alejó de los lobos y se acercó a los ángeles con las manos en los bolsillos traseros de su pantalón. Moira la cogió por el brazo y le sonrió.
- A descansar.
- Si. A descansar. –
Constanza vió como mientras salían de la biblioteca, Tanya besaba con dulzura la cabeza de Moira.
- Totalmente perdidas las dos.- Unos brazos tímidos se agarraron a su cintura y sintió el cuerpo de Allegra detrás. Se dejó abrazar y suspirando se apoyó en ella.- ¿Tanto tiempo y aun te da miedo abrazarme?
- Me da miedo que me rehuyas como hacías al principio.
- Soy tu mujer.- Constanza se dio la vuelta y besó a Allegra. Había pasado demasiado tiempo obligándose a si misma a rechazarla cuando lo único que quería era estar pegada a su piel.
- ¿Sabes que estás muerta, verdad?- Allegra sonrió apoyandose en la cabeza de Constanza.
- ¡Oh!Vamos. Estas mucho mas guapa así y lo sabes.- Constanza ocultó una sonrisa en el cuello de Allegra y cogiéndola de la mano la llevó enfrente de la gran chimenea que había en la biblioteca con una sonrisa maliciosa.
-¿Cuánto hace que no hacemos el amor frente a la chimenea?
- Desde que empezó a hacer demasiado calor para seguir encendiéndola cada día.- Con una carcajada Constanza arrastró a Allegra a la alfombra.
Durmieron mas horas de las que hubiesen querido. No había tiempo que perder. El libro debía ser traducido con rapidez y cada segundo que perdían lo ponía en peligro. Había quedado en manos de Allegra, cosa que sorprendió a ambas que habían dado por hecho que seria Constanza quien se encargase de la traducción. Moira pensó en la cantidad de veces que se juzga a alguien solo por su aspecto y se enfadó consigo misma por su reacción cuando Allegra le había dicho que ella sería la que estudiaría el texto. Su cara de sorpresa al menos no había ofendido al ángel que con un peculiar levantamiento de cejas y una sonrisa burlona las había dejado con la disculpa en la boca y se había dado la vuelta. Cuando llegaron a la biblioteca Allegra estaba sentada en un sillón con una camiseta de tirantes, unos pantalones cortos y mordisqueando distraída una manzana mientras repasaba con sus largos dedos las letras doradas del libro. Estaba aun mas despeinada que el día anterior y tenía unas ojeras ligeramente marcadas. Constanza a su lado en una mesa de roble repasaba preocupada varios folios que se esparcían por la mesa en un inusual desorden. Estaba claro que lo que leía la sorprendía y alteraba y a la vez la fascinaba y la tenía totalmente absorbida. Tanya carraspeó y los dos ángeles levantaron la vista de sus lecturas.
- Buenos días. Espero que hayáis descansado.
- Si gracias. Pero parece que vosotras no habéis descansado mucho.
- La traducción es difícil. A ratos es muy complicado entender el libro. Pero ya tengo una idea de porque la historia que conocemos es tan diferente a esta.- Tanya y Moira miraban a Allegra con la respiración contenida. Su preocupación era patente y su animo jovial parecía haberse desvanecido por completo. Moira sentía cada latido de su corazón en las sienes y la mano de Tanya apretando la suya hasta casi hacerle daño.- Dios enloqueció.